Dentro
de este maltratado subgénero del cine
fantástico y de terror Viaje alucinante
al fondo de la mente (Altered States, Ken Russell,
1980) y Un hombre lobo americano en Londres
(An American Werewolf in London, John Landis,
1981) tienen el raro privilegio de ser las producciones
que dieron el pistoletazo de salida al imparable
desarrollo de los efectos especiales. Nada
que ver con nuestros días, en los que
la infografía y el CGI se han convertido
en industrias paralelas que mueven cantidades
ingentes de pasta.
La
pandemia del SIDA dio lugar a una gran obsesión
por la sangre, proliferaron las películas
de vampiros. Bendición mortal (Deadly
Blessing, Wes Craven, 1981); La insatisfacción y decadente
anomía en el lujoso Manhatan de El ansia (The Hunger,
Tony Scott, 1983); Miedo azul (Silver Bullet,
Daniel Attias, 1985); Noche de miedo (Fright
Night, Tom Holland, 1985); Vamp (Richard Wenk,
1986); Incluso se apuntó al carro una
nueva raza de vampiros espaciales en Lifeforce,
fuerza vital (Tobe Hooper, 1985). Amiga mortal
(Deadly Friend, Wes Craven, 1986); El príncipe
de las tinieblas (Prince of Darkness, John Carpenter,
1987); Fuera del ambiente gótico: El western vampírico, Los
viajeros de la noche (Near Dark, Kathryn Bigelow,
1987); Jóvenes ocultos (The Lost Boys,
Joel Schumacher, 1987) y Besos de vampiro (Vampire´s
Kiss, Robert Bierman, 1989).
El
mito del moderno Prometeo se adapta
en Gothic (Ken Russell, 1986); Haunted Summer
(Ivan Passer, 1986); Haunted Summer (Ivan Passer,
1988); La Resurrección de Frankenstein
(Frankenstein Unbound, Roger Corman, 1990) e
incluso la producción española
Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988),
con un reparto internacional; también
la comedia Fabricando al hombre perfecto (Making
Mr. Right, Susan Seidelman, 1987) manufactura
un robot Pygmalion, que resulta ser John Malkovich;
los nuevos tiempos nos traen revisiones posmodernas
del viejo Dr. Frankenstein como Robocop (Robocop,
Paul Verhoeven, 1987), que es de destacar por
su presentación de la amenaza de las
grandes corporaciones y emporios tecnológicos.
Cyborg (Albert Pyun, 1989); Eduardo manostijeras
(Edward Scissorhands, Tim Burton, 1990) y La
resurección de Frankenstein (Frankenstein
unbound, Roger Corman, 1990).
Capítulo
aparte merece David Cronenberg, autor que comienza
la década con el éxitoso Scanners
(Scanners, 1980) objeto de varias secuelas en
los 90, para continuar con La zona muerta (The
Dead Zone, 1983) y Videodrome en 1983, considerada por Warhol como
la "Naranja mecánica"
de los 80 y la "Usheriana"
La mosca (The Fly, 1986), cuya degenerativa
metamorfosis es reflejo de la degradación
social y los peligros del progreso tecnológico.
El golpe final lo dio con Inseparables (Dead
Ringers, 1988), una de las más sofisticadas
interpretaciones de su particular visión
del género.
Por
otro lado, se refleja cierta tendencia hacia
la proyección de sentimientos
antirracistas por medio de metáforas
extraterrestres. Enemigo mío
(Enemy Mine, Wolfgang Petersen, 1985) y Alien
nation (Graham Baker, 1988) son dos casos de
este modelo, muy diferente del clásico
Depredador (Predator, John McTiernan, 1987).
Se puede incluir también en este género:
El hermano de otro planeta (Brother From Another
Planet, John Sayles, 1984), que hace una ingeniosa
parodia de E.T.. Pero en esta ocasión,
el extraterrestre en cuestión tiene la
apariencia de hombre negro que aterriza en Harlem
dando lugar a situaciones mucho más sarcásticas
que el original de Spielberg.
Fuera
de las fronteras yanquis, y aunque la felación
de El diablo en el cuerpo (Diavolo in corpo,
Marco Bellocchio, 1986) hizo correr ríos
de tinta, fue el cine de terror trasalpino el
más fructífero con cintas como:
Inferno (Dario Argento, 1980); Aquella casa
al lado del cementerio (Quella villa accanto
al cimitero, Lucio Fulci, 1981); Tenebre (Dario
Argento, 1982); Demons (Dèmoni, Lamberto
Bava, 1985); Phenomena (Dario Argento, 1985)
y Le foto di Gioia (Lamberto Bava, 1987).
Resulta
curioso recordar como en Masters del universo
(Masters of the Universe, Gary Goddard, 1987)
las consabidas luchas entre He-man y Skeletor
en Grayskull para hacerse con la llave-Macguffin
cósmica, dan lugar a una serie de animación,
un videojuego e incluso sus propios juguetes.
No
podían faltar unas buenas raciones de
zombis frescos del gran impulsor del género
servidas en El día de los muertos (Day
of the Dead, George A. Romero, 1985) y sus seguidores
en El regreso de los muertos vivientes (Return
of the living dead, Dan O'Bannon, 1985); El
regreso de los muertos vivientes 2 (Return of
the Living Dead Part II, Ken Wiederhorn, 1988)
y La noche de los muertos vivientes (Night of
the Living Dead, Tom Savini, 1990). Contamos
también con Creepshow (George A. Romero,
1982) y Creepshow 2 (Michael Gornick, 1987).
El
incombustible John Carpenter resulta de lo más
agudo en Están vivos (They Live, 1988),
donde el protagonista descubre que los ricos
son en realidad extraterrestres que viven a
tutiplén gracias al sometimiento de las
masas por medio del consumismo, la publicidad
subliminal y la señal de televisión,
¿alguien da más?
Es
el momento de las productoras como Troma Films para elevar a la categoría de película
de culto una chapuza como El vengador tóxico
(The Toxic Avenger, Michael Herz, Samuel Weil,
1985), el cual, armado con su fregona, continuó
con sus inevitables secuelas en The Toxic Avenger,
Part II (1989) y The Toxic Avenger Part III:
The Last Temptation of Toxie (1989). Sólo
para fanáticos del más rancio
gore. Tiempo también para Re-Animator
(Stuart Gordon, 1985), con novia en la cinta
de 1990 y hasta un Resonator (Stuart Gordon,
1986).
A
pesar de la general falta de ingenio, el cine
de fantástico a menudo resulta en taquilla,
sirvan como ejemplo: El final de la cuenta atrás
(The Final Countdown, Don Taylor, 1980); Playa
sangrienta (Blood Beach, Jeffrey Bloom, 1981);
Pirañas: El Regreso (Piranha Part Two,
James Cameron, 1981); San Valentín sangriento
(My Bloody Valentine, George Mihalka, 1981);
El Ente (The Entity, Sidney J. Furie, 1982);
La cosa del pantano (Swamp Thing, Wes Craven,
1982); Christine (John Carpenter, 1983); En
los límites de la realidad (Twilight
Zone: the Movie, Joe Dante, John Landis, George
Miller, Steven Spielberg, 1983).
En
el lado fantástico del género,
Tochstone, la filial para adultos de Disney
batió records de taquilla con su primera
producción: 1, 2, 3... Splash (Ron Howard,
1984); Starfighter; La aventura comienza (The
Last Starfighter, Nick Castle, 1984) aprovecha
la primera gran fiebre por los videojuegos;
se da un justificado batacazo el pastiche sin
pies ni cabeza de Dune (David Lynch, 1984);
en Starman (John Carpenter, 1984) Jeff Bridges
estuvo a punto de llevarse el Oscar pero no
interpretó la exitosa serie en TV.
Tuvo
un gran tirón, a pesar de su mediocridad:
Los chicos del maíz (Children of the
Corn, Fritz Kiersch, 1984) quizá por
su terror adolescente sin pretensiones que se
prolongó en el tiempoa a través
de copias infumables; Ojos de fuego (Firestarter,
Mark L. Lester, 1984); Legend (Ridley Scott,
1985); El guerrero rojo (Red Sonja, Richard
Fleischer, 1985) suge tras la abultada sombra
de Conan y su secuela Conan, el destructor (Conan
the Destroyer, Richard Fleischer, 1984) que
despilfarró sin contemplaciones 20m$;
Sólo se puede salvar del lote Lady Halcón
(Ladyhawke, Richard Donner, 1985).
También
contamos con la saga cuatro episodios de Critters;
F/X, efectos mortales (F/X, Robert Mandel, 1986);
Nuestros maravillosos aliados (Batteries not
Included, Matthew Robbins, 1987); Los creyentes
(The Believers, John Schlesinger, 1987); Mi
novia es una extraterrestre (My Stepmother is
an Alien, Richard Benjamin, 1988); Beetlejuice
(Tim Burton, 1988); Las aventuras fantásticas
de Willow (Ron Howard, 1988); Temblores (Tremors,
Ron Underwood, 1989); Shocker (Wes Craven, 1989);
la supertaquillera Batman (Tim Burton, 1989)
hizo furor.
Era
impensable, unos pocos años antes, que
en 1989, el actor Jack Nicholson llegara
a embolsarse casi 60m$ por su papel en Batman,
dirigida por Tim Burton, que no falla ni una
desde el exitazo de La gran aventura de Pee-Wee
(Pee-Wee's Big Adventure, 1985).
A
pesar de los intentos de Heavy Metal (Gerald
Potterton, 1981) y Tygra, hielo y fuego (Fire
and Ice, Ralph Bakshi, 1983), el largometraje
animado no termina de arrancar hasta que Disney
Pictures prepara una perfecta superproducción
de 70m$ integrando imágenes reales y
animaciones en Quién Engañó
a Roger Rabbit (Who framed Roger Rabbit, Robert
Zemeckis, 1988). |