Más
allá del valor (Uncommon valor, Ted Kotcheff,
1983); Birdy (Alan Parker, 1984); Medalla al
Valor (Purple Hearts, Sidney J. Furie, 1984);
Desechos (Streamers, Robert Altman, 1984); Cease
Fire (David Nutter, 1985); Platoon, (Oliver
Stone, 1986); Más allá de las
líneas enemigas (Beyond the enemy lines,
1986); Héroes sin gloria (Ordinary Heroes,
Peter H. Cooper, 1986); La chaqueta metálica
(Full Metal Jacket, Stanley Kubrick, 1987);
La colina de la hamburguesa (Hamburger Hill,
John Irvin, 1987); Good morning, Vietnam (Barry
Levinson, 1987); Jardines de piedra (Gardens
of Stone, Francis Ford Coppola, 1987); Saigón
(Christopher Crowe, 1987); Vietnam, vuelta al
infierno (Nam, tour of duty, Bill L. Norton,
1987); Bat 21 (Peter Markle, 1988); Corazones
de Hierro (Casualties of War, Brian de Palma,
1989); Nacido el 4 de Julio (Born on the Fourth
of July Oliver Stone, 1989) encontró
la oposición de los medios conservadores
que tacharon su cinta de anti-americana; Snakeeater
(George Ebschamer, 1989); Triángulo de
acero (The Iron Triangle, Eric Weston, 1989);
Jacknife (David Jones, 1989) de veteranos de
guerra con Robert De Niro y Ed Harris; Recuerdos
de guerra (In Country, Norman Jewison, 1989)
y La escalera de Jacob (Jacob's Ladder, Adrian
Lyne, 1990).
En
otras producciones, aún sin tratar la
cuestión directamente, la huella
vietnamita se manifiesta de forma más
o menos explícita: La Compañía
Bravo (Southern Comfort, Walter Hill, 1981)
y la revanchista Manhattan Sur (Year of the
Dragon, Michael Cimino, 1985).
Hay
material para todos los gustos, incluso Stallone
protagonizó Acorralado (First blood,
Ted Kotcheff, 1982), aceptable en su presentación
de traumas de posguerra, para acabar degenerando
en el mítico superhéroe de 35m$
Rambo o el arquetipo de policía con un
palillo en la boca en un vídeo clip de
más de hora y media titulado Cobra (George
P. Cosmatos, 1986); Yo, el halcón. (Over
the Top, Menahem Golan, 1987) haciendo peleas
de pulsos a discreción o broker pijo
de NY en Tango y Cash (Andrei Konchalovsky,
1989).
El
norteamericano, es un cine que a menudo peca
de mirar demasiado a su pobre ombligo, sin embargo,
no sería justo remitirse únicamente
al lado oscuro, también se realizaron,
para contrarrestar la ideología general,
producciones con un talante más abierto,
entre las que podemos contar con: The Amateur
(Charles Jarrott, 1981); Desaparecido (Missing,
Costa-Gavras 1982) con una CIA cómplice
en el golpe militar chileno; la australiana
producida por MGM/UA: El año que vivimos
peligrosamente (The Year of Living Dangerously,
Peter Weir, 1983); Bajo el fuego (Under Fire,
Roger Spottiswoode, 1983); Clave: Omega (The
Osterman Weekend, Sam Peckinpah, 1983) con la
manipulación de la CIA en TV; Gorky Park
(Michael Apted, 1983); El juego del halcón
(The Falcon and the showman, John Schlesinger,
1984); Target: Agente doble en Berlín
(Arthur Penn, 1985); Salvador (Oliver Stone,
1986); Más fuerte que el odio (The Presidio,
Peter Hyams, 1988) expone la corrupción
del ejército y la CIA.
Es
innegable que algunas de estas producciones
son francamente críticas con la política
internacional estadounidense y con los trapicheos
de los servicios de inteligencia. De todas formas,
ninguna tiene la mordiente y fuerza cinematográfica
de la europea: Los gritos del silencio (The
Killing Fields, Roland Joffé, 1984).
Si bien quizás deja entrever como moraleja
" Con los americanos estaríamos
mejor ".
Algo
similar sucede con la mirada al exterior de
la visión del colonialismo nostálgico
y romántico de Memorias de África
(Out of Africa, Sydney Pollack, 1985), comparado
con la perspectiva más amplia del viejo
continente que manifiestan: Gandhi (Richard
Attenborough, 1982); Pasaje a la India (A Passage
to India, David Lean, 1984) o La misión
(The Mission, Roland Joffé, 1986).
No
hay que olvidar, que el hedonismo y
el culto al cuerpo empezaban a cuajar con la
proliferación de los gimnasios y el físico-culturismo.
Los medios de comunicación en general,
y el cine con la publicidad en particular, hacen
que el culto al cuerpo pase de ser una subcultura
incomprendida a un negocio multimillonario,
cuyo mito erótico femenino puede identificarse
en la recauchutada musa de ojos azules y rubios
cabellos, la californiana " mujer 10 ",
Bo Derek.
Al
margen de Sólo para adultos (A Change
of Seasons, Richard Lang, 1980), la reina de
las dietas macrobióticas fue dirigida
por su marido John Derek en Tarzán, el
hombre mono (Tarzan, the Ape Man, 1981 ), Bolero
en 1981 y Los fantasmas no pueden... hacerlo
(Ghosts Can't Do It, 1989). Por otro lado, la
actriz Jane Fonda vendió en 1982, sólo
en EEUU, la friolera de 700.000 ejemplares de
su libro de fitness. Estas incipientes iniciativas
desembocan en productos más recientes
como la siliconada serie televisiva "Los
vigilantes de playa".
También
proveniente de esta corriente hedonista
californiana, el actual gobernador del estado,
el ínclito Arnold Schwarzenegger,
protagonista del primer documental "Pumping
Iron", se convierte en el mejor revulsivo
para las taquillas, equivalente a éxito
seguro durante más de dos décadas.
Aunque no desatendió cierta faceta cómica
en Los gemelos golpean dos veces (Twins, Ivan
Reitman, 1988) y Poli de guardería (Kindergarten
Cop, Ivan Reitman, 1990). Fue el primero en
embolsarse 15m$ por peli y según la
enciclopedia Baseline en sólo diez años
mató 275 personas y recaudó 1.000m$.
Únicamente por Desafío total (Total
Recall, Paul Verhoeven, 1990) casi alcanza los
30m$ entre salario y participación en
taquilla.
Pasando
a otros temas, relacionados con el problema
de bandas y delincuencia juvenil sobresalen:
Rebeldes (Outsiders, Francis Ford Coppola, 1983)
y la existencialista La ley de la calle (Rumble
Fish, Francis Ford Coppola, 1983), definida
por su autor como "Camus for kids".
También hay que mencionar Colors: colores
de guerra (Colors, Dennis Hopper, 1988), inspirada
en hechos reales.
No muchos recordarán que Clint Eastwood
y su orangután repartían estopa
a todo trapo en La gran pelea (Buddy van Horn,
Any Which Way You Can, 1980), que encima es
una pobre continuación de otra película
suya: Duro de pelar (Every Which Way But Loose,
James Fargo, 1978). Durante los años
setenta el actor californiano profundizó
en la figura del policía protofascista
Harry el sucio. Ya entrados los 80 continuó
con Impacto súbito (Sudden Impact, Clint
Eastwood, 1983) y La lista negra (The Dead Pool,
Buddy Van Horn, 1988); haciendo sus pinitos
en la dirección de la anticomunista Firefox,
el arma definitiva en 1982 y también
la beligerante El sargento de hierro (Heartbreak
Ridge, 1986), en la cual, el realizador no cesa
de dar vergüenza ajena en su papel de marine,
repartidor a diestro y siniestro, tan duro que
"mea napalm" hasta la ejemplificadora
prueba final en la patriótica invasión
de la isla de Granada, a mayor gloria del imperialismo
yanqui.
Este
patriotismo malsano fue moneda común,
explotado también en la paranoica Amanecer
rojo (Red Dawn, John Milius, 1984). Donde
en una hipotética III Guerra Mundial,
la invasión ruso-cubana recluía
a los supervivientes norteamericanos
en campos de reeducación comunistas.
Además
de Eastwood, otros actores como Schwarzenegger,
Christopher Lambert en Los inmortales (Highlander,
Russell Mulcahy, 1986); Bruce Willis en La jungla
de cristal (Die Hard para los anglo-sajones);
Gibson en su particular Arma letal; Charles
Bronson con Yo soy la Justicia (Death Wish )
y Chuck Norris con su episódicas Delta
Force y Desaparecido en combate, o sagas del
tipo El guerrero americano (American Ninja)
abrieron el camino a los Van Damme, Seagal,
Lundgren y demás forzudos ultra conservadores
de tiempos posteriores. La lucha contra
el eje del mal, según las consignas de
Reagan, no debe cesar.
Como
ya hemos observado, el género también
lleva asociado un entretenimiento fácil
de producciones de simple evasión y entretenimiento que casi siempre arrastran las inevitables secuelas.
Se trabaja a destajo en los supertaquillazos
de Indiana Jones (con un coste de 22m$) o en
su precuela; Indiana Jones y el templo maldito
(Indiana Jones and the Temple of Doom, Steven
Spielberg, 1984) que recauda la nada despreciable
cifra de 109m$.
La
mina de oro de "Indy" se
cava a fondo, léase: Tras el corazón
verde (Romancing the Stone, Robert Zemeckis,
1884) cuyo esquema argumental recuerda además,
sospechosamente a La Reina de África
(The African Queen, John Huston, 1951); La joya
del Nilo (The Jewel of the Nile, Lewis Teague,
1985). Influenciando poderosamente la nueva
entrega de Las minas del rey Salomón
(King Salomon's Mines, J. Lee Thompson, 1985)
y Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro
(Allan Quatermain and the Lost City of Gold,
Gary Nelson, 1987) en las que Sharon Stone es
la pareja del explorador interpretado por Richard
Chamberlain.
No
pueden faltar los grandes éxitos deportivos
con baloncesto o fútbol americano del
estilo: Hoosiers: más que ídolos
(David Anspaugh, 1986) y Los buenos tiempos
(The Best of Times, Roger Spottiswoode, 1986).
Con abundancia de baseball, deporte nacional
sin reservas: El mejor (The Natural, Barry Levinson,
1984); Los búfalos de Durham (Bull Durham,
Ron Shelton, 1988), Campo de sueños (Field
of Dreams, Alden Robinson, 1989); Una mujer
en la liga (Major League, David S. Ward, 1989).
Destaca la corrupción y sobornos de Ocho
hombres (Eight Men Out, John Sayles, 1988).
El
sexista James Bond, antes de convertirse en un funcionario políticamente
correcto que es en la actualidad, apoyado por sus ingenios
tecnológicos, seguía haciendo de las suyas.
Sean Connery, a pesar de haber
dicho repetidas veces "nunca jamás", no pudo resistirse al "pastizal" que le ingresaron en cuenta por protagonizar
Nunca digas nunca jamás (Never Say Never
Again, Irvin Kershner, 1983. El actor escocés
vuelve a salvar el mundo en el remake de Operación
trueno (Thunderball, Terence Young, 1965). Dejando
posteriormente a sus sucesores Roger Moore y
Timothy Dalton, despacharse a gusto en las tribulaciones
del agente de su majestad. Ambos tuvieron ocasión
de derrotar al KGB en Panorama para matar (A
View to a Kill, John Glen, 1985) y 007: Alta
tensión (The Living Daylights, John Glen,
1987).
El
mismo Connery fue el elegido años después
para protagonizar las películas que señalan
el final de la guerra fría tal y como
se entendía hasta aquel momento: La casa
Rusia (The Russia House, Fred Schepisi, 1990)
al estilo Le Carré y La caza del Octubre
rojo (The Hunt for Red October, John McTiernan,
1990).
Encontramos
dentro del género: Exterminator (James
Glickenhaus, 1980) y su segunda parte, también
de Mark Buntzman en 1984. Y hazañas bélicas
de viejo cuño como Uno rojo, división
de choque (The Big Red One, Samuel Fuller, 1980).
Distrito
apache: El Bronx (Fort Apache, the Bronx, Daniel
Petrie, 1981); Evasión o victoria (Victory,
John Huston, 1981) y El trueno azul (Blue Thunder,
John Badham, 1982) sobre un nuevo helicóptero
de asalto.
Cintas
patrioteras como Elegidos para la gloria (The
Right Stuff, Philip Kaufman, 1983), basado en
la novela de Wolfe y demás productos
de consumo como Aventuras en el Sáhara
(Sahara, Andrew V. McLaglen, 1983) con Brooke
Shields.
Calles
de fuego (Streets of Fire, Walter Hill, 1984)
puede definirse como un western urbano con motos en vez de caballos.
Obtuvieron
buenas recaudaciones las aventuras juveniles
de Los Goonies (Richard Donner, 1985); Exploradores
(Explorers, Joe Dante, 1985); El secreto de
la pirámide (Young Sherlock Holmes, Barry
Levinson, 1985); El clan del oso cavernario
(The Clan of the Cave Bear, Michael Chapman,
1985) y Golpe en la pequeña China (Big
trouble in the little China, John Carpenter,
1986).
El
pentágono proporcionó todo su
apoyo a la producción de Top gun:
Ídolos del aire (Tony Scott, 1986), que
en momentos parece más un anucio de reclutamiento
que un film "made in Hollywood".
Esta cinta y las sucesivas entregas de Águila
de acero (Iron agle) dan buena idea de la representación
que se pretende proyectar de la política
exterior norteamericana.
El
reportero de la calle 42 (Street Smart, Jerry
Schatzberg, 1987); El imperio del sol (Empire
of the Sun, Steven Spielberg, 1987) y Adiós
al rey (Farewell to the King, John Milius, 1988);
Conexión Tequila (Tequila Sunrise, Robert
Towne, 1988).
Bloodfist
(Terence H. Winkless, 1989) no sonará
de nada a la mayoría, sin embargo, es
la película de culto de los amantes del
kickboxing, seguida de incontables secuelas;
De profesión: duro (Road House, Rowdy
Herrington, 1989) de Patrick Swayze.
Para
terminar: Días de trueno (Days of Thunder,
Tony Scott, 1990) con el automovilístico
romance de Tom Cruise con su futura esposa Nicole
Kidman y Las tortugas Ninja (Teenage Mutant
Ninja Turtles, Steve Barron, 1989), fenómeno
comercial del momento con una repercusión
mediática apabullante. |